La semana anterior,  Hassan Nazrah’la, líder del movimiento terrorista libanés Hizbulá, negaba ante los medios, que algún  combatiente de su organización  estuviera luchando en el Golán sirio, en las cercanías de Israel. Días mas tarde, tres vehículos que circulaban a  pocos kilómetros de la frontera, fueron destruidos, resultando todos sus ocupantes  muertos. En el  ataque, fallecieron 12 combatientes. Seis altos comandantes de la milicia Hizbulá, entre ellos Yihad Mournía, jefe de las unidades especiales de ese movimiento, e hijo de  Ymad Mournía, que  fue comandante en jefe de esa milicia en el pasado. 

El historiador Tom Holland es uno de los que tuiteó la caricatura del profeta Mahoma de Charlie Hebdo tras el mortal ataque en las oficinas de la revista. Holland reflexiona para la BBC sobre si debe tener límites la libertad de expresión, mientras busca las raíces históricas de este derecho.

Las religiones no son las únicas en tener mártires. El 1º de julio de 1766 en Abbeville, norte de Francia, un joven noble llamado Lefebvre de la Barre fue condenado por blasfemia. Los cargos en su contra eran numerosos: que había defecado en un crucifijo, escupido imágenes religiosas y que se había rehusado a quitarse el sombrero cuando pasó una procesión de la Iglesia.

Mi familia materna es francesa y desde hace décadas leo a varios de los dibujantes asesinados este miércoles en París. Cuento entre mis colegas a dibujantes y humoristas. He creado videojuegos que caricaturizan temas políticos como el terrorismo. Por todo eso siento tan cerca el impacto de las balas que acribillaron a Charlie Hebdo.
He leído en redes varios comentarios de estadounidenses, espantados por la masacre pero a la vez indignados por el tono racista de las bromas del semanario francés. También me he encontrado con varios textos que proclaman “Yo No Soy Charlie”, pues consideran que los dibujantes hacían bromas muy duras y ofensivas sobre las creencias de millones.

La Ley y La Justicia ¡en el Mundo de Hoy!

-“Al brazo de la Ley” le acortaron los tendones, por eso, no siempre llega tan lejos, como debería.
¿Qué cirujano habrá cometido semejante cercenación?
– La ley elige sufrir a veces de amnesia. Científicos de todo el mundo buscan su cura. ¡Qué manera de perder el tiempo!

El Escritor y filósofo Gustavo Perednik había escrito (aún sin publicar) una editorial referida al Fiscal Nisman antes de su muerte. Vis a Vis las publica con la autorización del autor.

Desde las páginas de Matar sin que se note (2009) intenté destacar la importancia de la obra del Fiscal Alberto Nisman, que merecerá estudio en los manuales de historia argentina.

El Primer Ministro Netanyahu sigue sorprendiendo con sus particulares actitudes. A pesar que lleva ya casi nueve años en tal alto cargo, tres años en su primer mandato y otros seis en esta oportunidad, su forma de actuar en determinados momentos son impredecibles.
Ocurrido los luctuosos actos el pasado fin de semana en Paris, en donde cinco judíos perdieron la vida, cuatro en el super mercado Kasher y uno, el  dibujante Georges Wolinski, en la sede de Charlie Hebdo, se anunció una multitudinaria marcha de protesta para el domingo 11, para demostrar el repudio a los asesinatos que perpetraron los terroristas yihadista islámicos.

Animado por la reciente decisión del Tribunal General de la Unión Europea de borrar a Hamás de la lista comunitaria de grupos terroristas, el movimiento islamista de la Franja de Gaza ha redoblado sus esfuerzos por lograr la destrucción de Israel.

Hamás también se ha envalentonado merced a la decisión de la Corte Penal Internacional (CPI) de iniciar unainvestigación preliminar de los supuestos crímenes de guerra israelíes cometidos en territorio palestino.

El psiquiatra forense Tanay sostiene con dramáticos ejemplos la conocida reflexión del Mahatma Gandhi: Lo más atroz de las cosas malas gente mala es el silencio de la gente buena.

¿Eran muchos los nazis? ¿Son muchos los musulmanes fanáticos?
El autor de este mensaje es el Dr. Manuel Tanay, nacido en 1928, judío que sobrevivió al Holocausto, conocido y muy respetado psiquiatra forense radicado en EEUU. Un hombre, cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial, propietaria de grandes industrias y haciendas. Cuando se le preguntó cuántos de los alemanes eran realmente nazis, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo: Muy pocas personas eran nazis en verdad, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que pensaba en que los nazis eran un montón de tontos. Así, la mayoría, simplemente se sentó a
dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas…”

La epidemia de atentados destacados recientes perpetrados por musulmanes en nombre del islam – cometidos en Canadá, Israel, Nigeria, Australia, Pakistán y Francia – plantea un interrogante evidente: ¿Cómo calculan los autores materiales islamistas que asesinar a un gendarme, atropellar a unos transeúntes, despedazar a los usuarios no musulmanes de un autobús público, secuestrar a los gerentes de un café o masacrar a unos chavales de militares y unos viñetistas les acerca a su objetivo de levantar un califato e implantar la ley islámica?

El historiador Joan B. Culla i Clará se preguntaba en el diario El País del pasado miércoles: “¿No debería la matanza del hiper judío haber suscitado una simétrica abominación del antisemitismo en todas sus formas?”; y se respondía: “La ha habido en la política institucional francesa, desde luego, pero mucho menos en la calle, y todavía menos en nuestros medios de comunicación”. El historiador tiene toda la razón. Los cuatro judíos asesinados por el terrorista Amedy Coulibaly en un establecimiento de comida kosher de París, inhumados en Jerusalén el martes sin la relevancia oficial y mediática de las otras víctimas, parecen haberse evaporado en la conciencia colectiva. Como relata en su artículo Culla i Clará, “en una curiosa inversión de roles, estos días la prensa española se ha referido mucho más al potencial ascenso de la islamofobia que a la realidad palmaria de una judeofobia mortífera.