Atrapados sin salida

Parasha
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B.H.N.”V

 

Atrapados sin salida. No…No tenga miedo. No hablaremos de esa fenomenal película que ocupó el escenario visual y emocional unas décadas atrás, mostrándonos realidades crudas, dolorosas, suplicantes.

La vida en Egipto se tornó insoportable para aquella familia venida a pueblo –en la denominación del faraón de turno-, y transitó los precipicios profundos y escabrosos de una muerte anunciada. Tanto física como espiritual. El ‘protectorado real’ que albergó a Iaacov y sus hijos al comienzo, se transformó en una trampa mortal para sus descendientes. Se tornó en la asfixia real., donde sólo el clamor perdido entre las densas humaredas de la noche, podía escucharse. Llantos y quejidos parecían herrumbrarse bajo el golpe pertinaz y certero de la maza egipcia sobre los dolidos y extenuados cuerpos hebreos. Allí es cuando comprendemos la circunstancial revelación de D’s a Moshé “en medio de la zarza”.

B.H.N.”V

 

Atrapados sin salida. No…No tenga miedo. No hablaremos de esa fenomenal película que ocupó el escenario visual y emocional unas décadas atrás, mostrándonos realidades crudas, dolorosas, suplicantes.

La vida en Egipto se tornó insoportable para aquella familia venida a pueblo –en la denominación del faraón de turno-, y transitó los precipicios profundos y escabrosos de una muerte anunciada. Tanto física como espiritual. El ‘protectorado real’ que albergó a Iaacov y sus hijos al comienzo, se transformó en una trampa mortal para sus descendientes. Se tornó en la asfixia real., donde sólo el clamor perdido entre las densas humaredas de la noche, podía escucharse. Llantos y quejidos parecían herrumbrarse bajo el golpe pertinaz y certero de la maza egipcia sobre los dolidos y extenuados cuerpos hebreos. Allí es cuando comprendemos la circunstancial revelación de D’s a Moshé “en medio de la zarza”.

No sólo de un arbusto, sino de “un fuego encendido en la zarza”. “Belabat esh mitoj hasené”, desde el corazón del fuego, de en medio de la zarza’ nos los describe la sagrada Torá. Porque la zarza tiene ‘un corazón’. Y ese corazón, ¡arde!, ¡quema!...

El amor de D’s por Su pueblo –por la promesa expresada a los padres-, está vivo. Arde siempre. “Maim rabím lo iujlú lejavot et haahabá” cantaba el rey Shelomó. ‘Ni las muchas aguas podrán apagar al amor…’. Y ese fuego, contemplaba Moshé, ‘no se consumía’. No consumía a la pequeña zarza.

Pero ese arbusto, pequeño, simple, escondía otra lectura de la realidad. Porque sus espinas –muchas- se encuentran dobladas hacia dentro… Imperceptibles al tacto primero. Pero cuando se quiere retirar la mano de dentro…Todo quedará desgarrado. Sangrando. Amputado. Lacerado.

Era muy fácil ingresar a Egipto, enseñaba el sabio Midrash. El verdadero problema será salir de allí. “Toda la tierra está delante de vosotros”..Toda…Así fue en los tiempos ideales. Hoy, la tierra, los había tragado como esclavos. Las arenas fueron cómplices del martirio y los silencios de egipcios y propios. Silencios que matan. Que sofocaron y socavaron a más de una generación…

Ahora, son los tiempos de recibir también un castigo. Ya lo afirmamos en nuestro espacio semanal. En la Torá no cabe la impunidad. Es imperativa la justicia. Leeremos este Shabat de las famosas ‘plagas’Macot en hebreo-, que no es otra cosa que el infligir un castigo a quien lo merece. Así como cada capataz abusó de su látigo para con su esclavo. Diez plagas en total como lo recordamos cada noche de Pesaj. Aunque nosotros preferimos llamarlas ‘castigo’. O bien juicio punitivo, como lo expresa claramente el vocablo hebreo: ‘Shefatím’.

Porque no debemos olvidar estimado lector, que aquí no caben las venganzas. Aquí resuenan voces y ecos apagados tristemente por el tirano de turno. Y sin piedad alguna. Sin compasión siquiera por las vidas tiernas y frágiles de criaturas arrojadas a las profundidades del Nilo. Todo eso me pregunto… ¿no reclama justicia?

No es casual, entiendo mi querido amigo, que el primer castigo visible en Egipto sea precisamente en ese río. Y que sus aguas se transformen en sangre… Un río de sangre… Algo así como ver en sus propios ojos el mismo drama por ellos desatado. Un castigo en espejo. Retribuir el mal, con el mal mismo…

Después sobrevendrán los restantes castigos. Cada uno evoca una dimensión interior. De aquellas que hicieron sentir los egipcios a sus desangrados y humillados esclavos hebreos. Sentimientos de esclavitud, extranjería y torturas físicas como espirituales…

Nada quedará en el tintero sin escribir. Cada gesto, cada arresto, cada arrebato. Todo será parte de un plan Divino que descubra ante nosotros el sentido más íntimo de la Redención –la ansiada ‘Gueulá’-, que no vendrá sino cuando las fuerzas del mal queden definitivamente opacadas y exterminadas. Sólo allí, un nuevo sol amanecerá, sol de libres, sol sin límites. Un sol que despliega sus alas para el hombre, trayéndole la cura definitiva de sus clamores y dolores.

Rab. Mordejai Maaravi