“Cuando de libertad hablamos…”

Parasha
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Parashat

B.H.N.”V.

Cuando de libertad hablamos, empleamos el término “liberar”. Y si quisiéramos recorrer un poco más el vasto lenguaje humano, hallaríamos que “deshacer los haces de la opresión” alcanza en cierta dimensión al acto de liberar, que es la libertad. También nos conduce a recrear la idea de liberación –y citamos, por qué no, a los mismos profetas de Israel–, la expresión: “desatar los nudos o coyundas de la injusticia o esclavitud”. Queda claro entonces, que las definiciones que acompañan al acto del liberar, están por lo general ligadas a cierto “des-ligar” o “des-ligarse”, lo que indica a las claras una patente necesidad de “no tener nada más que ver con aquello que me aprisionaba, me inmovilizaba y hasta impedía mi marcha, mi pensar y mi decir”.

Parashat

B.H.N.”V.

Cuando de libertad hablamos, empleamos el término “liberar”. Y si quisiéramos recorrer un poco más el vasto lenguaje humano, hallaríamos que “deshacer los haces de la opresión” alcanza en cierta dimensión al acto de liberar, que es la libertad. También nos conduce a recrear la idea de liberación –y citamos, por qué no, a los mismos profetas de Israel–, la expresión: “desatar los nudos o coyundas de la injusticia o esclavitud”. Queda claro entonces, que las definiciones que acompañan al acto del liberar, están por lo general ligadas a cierto “des-ligar” o “des-ligarse”, lo que indica a las claras una patente necesidad de “no tener nada más que ver con aquello que me aprisionaba, me inmovilizaba y hasta impedía mi marcha, mi pensar y mi decir”.

Perashat “Bó el Par’ó”, “allégate ante el Faraón”, es la orden de D’s a MoshéRabenu; nos pone de cara al instante único e irrepetible que habremos de vivir como pueblo judío a las puertas de la libertad: Ietsiat Mitsráim, una de las columnas sobre las cuales se sostiene el judaísmo todo al decir del Rab Hirsch ZTS”L. La otra columna será “Matán Torá”, otro episodio único e irrepetible en esa dimensión popular y colectiva de la Revelación Divina en la Entrega de la Torá. Será en la presente sección, cuando el pueblo de Israel empiece a saborear el gusto de la libertad. En plena casa de la esclavitud, para que la libertad pueda ser apreciada, vivida y encuentre su real dimensión y proyección. No sólo las señales y los portentos obrados ya, y que obrará el Todopoderoso en Egipto, serán la cuota parte de la maravillosa liberación, sino y por sobre todo, el alcanzar los tiempos propios para cumplir con los preceptos Divinos (imprescindible para dicha libertad). No hay “libertad de”, sino “libertad para”, al decir del filósofo moderno.

Así es como accedemos en este Shabat, a la primera mitsvá que fuimos ordenados como pueblo, previo a la salida de Egipto. ¿Cómo –usted se preguntará con razón–, es posible observar un mandamiento de D’s cuando no está en mí, esclavo, decidir sobre ello? Y es cierto, muy cierto lo que usted, querido lector, está pensando. “Eved patur min ha-mitsvot”, sentenciaron los sabios. “El esclavo está exento del cumplimiento de las mitsvot”. Sentencia obvia, pues para acceder al precepto debo contar con mi propio tiempo, y eso es sinónimo de libertad. Ni más ni menos. Y ahí la grandeza, la riqueza inconmensurable de nuestra Torá, que nos alienta a saber que para ser libre es necesario, vital y hasta imprescindible, el poder comenzar a serlo en el mismo lugar en que fui esclavo.

En la cuna misma de las miserias, los tormentos y la extranjería, nacería el hombre libre de Israel. Y esa mitsvá fue: “Ha-Jodesh ha-zé lajem rosh jodashím...”, “Este mes es para vosotros, primero entre los meses...” El Todopoderoso entregó a los hijos de Israel el dominio del tiempo en sus propias manos. “Hasta ahora los demás disponían de vuestro tiempo, a partir de ahora, sois libres de hacer en él cuanto os plazca”, explica una y otra vez el comentarista bíblico Seforno. Y esa libertad comienza en Rosh Jodesh Nisán, y consagrarán la nueva luna en el mismísimo Egipto; una luna absolutamente nueva para quienes serán comparados –desde entonces– con ella a lo largo de su existencia. Pero no hay libertinaje. No se presenta desde ahora una suerte de “vale todo”, en nuestras palabras. Ahora es tiempo de “ataduras”, de sentirse “ligados”, de poder “apretar y sellar” cada episodio de la libertad (redención, gueulá) adquirido, a la vida cotidiana. ¿Y cómo nos habremos de atar, de ligar, de permanecer íntima y estrechamente vinculados a esa salida, a esa “libertad para” que no es sólo cuerpos que se movilizan? Al final de perashat “Bó”, estimado lector, encontrará la respuesta: “Y los pondrás por señal sobre tu brazo, y como recuerdo sobre tus ojos”. Llegará la mitsvá, que deviene de mi propio tiempo: los Tefilín. Y afirma el Talmud (Guitín 40 A): “Eved she-hiniaj tefilín lifné rabó, iatsá la-jerut”, es decir, que “el esclavo que se colocó los tefilín en presencia de su amo, es señal de que ha salido a libertad”. Tefilín del brazo y de la cabeza, para atarnos a la Eternidad...

Rab. Mordejai Maaravi. Rabino oficial de la OLEI