Darjé No'am - Parasha

Parasha
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BHN"V

A Ionatán Itzjak Maarabi, que en esta luna llena de Elul nos regaló un añito más de su vivir, crecer y de su amor ingenuo e íntegro.

A todos los niños y niñas de nuestra Kehilá, a los jóvenes en las jatibot y a quienes ingresan en el Sherut Leumí, ¡HaShem bendiga vuestro año de estudios, y Les conceda sabiduría y hatzlajá en cada etapa de este feliz tiempo!!

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A Ionatán Itzjak Maarabi, que en esta luna llena de Elul nos regaló un añito más de su vivir, crecer y de su amor ingenuo e íntegro.

A todos los niños y niñas de nuestra Kehilá, a los jóvenes en las jatibot y a quienes ingresan en el Sherut Leumí, ¡HaShem bendiga vuestro año de estudios, y Les conceda sabiduría y hatzlajá en cada etapa de este feliz tiempo!!

Esta semana recorremos una parashá 'sionista'. Si bien nuestra Torá toda se halla impregnada por un especial amor a la tierra de Israel, el presente Shabat pone de manifiesto, en boca del 'olé' –el nuevo inmigrante-, su verdadera condición judía nacional.

El punto de partida, que tuvo lugar hace más de cuatro generaciones atrás, cuando el 'padre de la nación hebrea' –Abraham Abinu- comenzaba sus primeros pasos dirigidos a la tierra para más tarde, recorrerla de norte a sur y afincarse en ella, se torna realidad hoy, en nuestra lectura, cuando el versículo le habla, a cada iehudí generacional, proponiéndole un desafío: "Vehaiá ki tavó el haáretz...". Nada más sugestivo nos regala la parashá: 'Y será cuando vinieres a la tierra'. No hay fechas ni meses, pero hay certezas. -'Vas a venir...' parece susurrar el texto, como recordándome una promesa que viene de lejos y que espera de mí, ser su ejecutor.

Es vestirse de Itsjak, el hijo de Abraham, quien se aferró a cada palmo de su geografía para no abandonarla jamás. Es soñar junto a Iaacov con aquel día, que subía y bajaba por esa escalera fenomenal, que lo devolvería a la casa de sus padres y a los terruños de su infancia. De esa impregnación hablábamos al principio, querido lector, que sube como un aroma fresco y refrescante en cada generación donde el Galut forma parte aún de la existencia judía.

Llegar a la tierra –'Ki Tavó'- presupone un ejercicio. Tomar de los frutos que ella me regala –los primeros, que son únicos- y conducirlos a un punto en común. A un encuentro. De los hombres con D´s. Uno de los tantos encuentros que revitalizarán el vínculo y lo resignificarán en cada tiempo del ascenso.

Porque la llegada a la tierra presupone ya una 'Aliá' –un ascenso-, y el arribo de cada hombre a la Jerusalén soñada, representará otro ascenso, tanto físico como espiritual. Como sea la cosa, estaremos invitados a subir siempre. A ascender por la escala de generaciones y sentir que el privilegio de alcanzar la cumbre, es tal, siempre que lo pueda hacer con los frutos de mi trabajo –los primeros-, en mi mano...

Allí, en el momento del ascenso, una pequeña canastita es la protagonista: "Vesamta beTéne...". Todo cuanto puedo recoger de las primicias, habré de colocarlo en un cesto, y a partir de allí, la magia del ascenso... ¿Quién lleva a quién, me peguntaba? Seré yo quien porta orgulloso mi propia canasta, o será ella quien me transporte a mí en tal noble momento de mi existencia?

Llegar al punto de partida, y declara: "Higadti lejá haiom, ki bati..."-'declaro a ti hoy, que he venido a la tierra'-. La canastita me provoca el habla. Me lleva a rememorar los tiempos pasados ("Un arameo errante era mi padre..."), me pide que declare sobre qué está parada mi identidad; me lleva a sentir que más allá de cada fruto primero, existe una prioridad: mi ser junto a mi tierra...

Tanta simbología aplicada a la realidad de un pueblo; tanto sentimiento de pertenencia llevado al conciente de una nación; tanta evocación de un pasado que se torna futuro en cada fruto que es elevado, no hace más que hablar de una razón por la cual vivir y de una verdad por la cual sobrevivir...

Am Israel, Eretz Israel, Netzaj Israel. El pueblo judío, la Tierra, la Eternidad de Israel. Una pequeña canastita que testimonia todo el amor. Una declaración de amor. Toda una historia replegada en los pasos del que llega y desplegada en los brazos de los que vendrán: "...Ki iesh sajar le-peulatej...veshavu banim ligbulam", consolaba el profeta a Rajel Imenu, llorando por el destierro de sus hijos. 'Pues ciertamente hay recompensa para tu acción, y habrán de retornar los hijos hacia sus fronteras'.

Hoy, estamos en tiempo de "Vehaiá Ki Tavó el haAretz" –tiempos del allegarnos a la tierra-. No sin menos dificultades que entonces. La esperanza está en poder poseer nuestra canastita y llenarla de los mejores frutos: nuestros hijos, nuestros nietos, nuestra posteridad. ¡Am Israel Jai!!

¡¡Shabat Shalom uMeboraj!!

Ketiva vaJatimá Tová

Vivi y Moti Maarabi

Ra'anana, Israel