Rosh Hashaná, la esencia de nuestra esencia

Cultura Judía
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Rosh Hashaná, en realidad es una historia muy antigua, tan antigua como la historia de la humanidad.

Rosh Hashaná, en realidad es una historia muy antigua, tan antigua como la historia de la humanidad.

Desde los días de Bereshit

Así nos relatan los sabios en el Talmud: “El mundo fue creado el 25 del mes de Elul y el sexto día fue creado el hombre, es decir el 1 del mes de Tishre, y es por eso que este día fue instaurado como Rosh Hashana, Día del Juicio.”

Esto nos insinúa que la Creación del Hombre y sus primeros actos, tienen mucho que ver con la fiesta de Rosh Hashaná, y es algo que deberíamos tener en cuenta cuando oímos los sonidos del Shofar. Es decir, observar la actitud de Adam y emular su arrepentimiento.

Este día, en que Adam fue juzgado, nos recuerda que existe un Creador, alguien que controla lo que sucede en el mundo, que hay un Juez que juzga. Esta misma idea es expresada por el Rey David en el Salmo 33:13: “Desde los cielos observa el Eterno, ve a todos los hombres. Desde el lugar de Su morada vigila a todos los habitantes de la tierra, el Creador de todos los corazones y que conoce profundamente todos sus obras.”

No es de extrañar entonces que en Rosh Hashaná nos dirigimos a D-s como Rey.

El altar, origen y objetivo

Si ahondamos más en las fuentes, encontraremos una relación más profunda entre Rosh Hashaná y los primeros días del hombre. En el Talmud Yerushalmi Nazir 7b: “D-s tomó polvo del lugar del altar del Templo y creó a Adam” Puede resultar un tanto curioso el hecho de que los sabios estén tan intrigados por saber el lugar exacto de donde D-s formó al primer hombre. El hecho de determinar que fue creado del lugar exacto en donde sería ubicado el santuario, no se trata de una expresión meramente nacionalista, para decir que la humanidad entera fue creada con tierra de nuestro país. Sino que, la insistencia por saber el lugar exacto de donde fue creado Adam, es porque de allí podemos adquirir gran información acerca de la naturaleza humana.

El hombre no fue creado de cualquier tierra, sino que fue creado con la tierra de un lugar santo. Más precisamente del lugar estipulado para el altar, es decir, del lugar designado para el servicio a D-s. Esto nos insinúa que el hombre, por su propia esencia, no fue creado para satisfacer los deseos de su corazón, sino que fue creado, para algo mucho más elevado y altruista que sus meras pasiones terrenales.

Así, nos encontramos que D-s colocó a Adam, en el lugar más hermoso y placentero de la tierra, el Jardin del Eden. Rabi Jonathan ben Uziel, nos llama a la reflexión: “Prestemos atención, no dice que lo puso alli solamente para disfrutar e ir en pos de sus impulsos, sino que dice: Leovdá uleshomrá, (para cuidarla y servirla, trabajarla). Cuidar Sus preceptos y servirLo.” Una idea similar es compartida por los sabios del Midrash en Bereshit Rabba (16:5)

No es que los sabios se oponen a que el ser humano disfrute y sienta un sano placer en este mundo, pues le fue permitido a Adam comer de todos los árboles del jardín, con una sola excepción. Es decir, el ser humano puede disfrutar y divertirse, pero centrar toda la esencia humana en este punto u objetivo, sin tener en la mente y en la acción el servicio y la dedicación a algo superior, es degradar al ser humano a un plano netamente materialista y mundano (de este mundo) cuando en realidad el hombre fue creado con capacidades mucho más elevadas para alcanzar niveles más allá de lo meramente material.

A la luz de todo esto, el día en que el ser humano fue creado no es un día común, sino que es un día que está relacionado con una introspección y análisis del sentido de nuestras vidas y hacia dónde vamos. Es el día en el que si meditamos acerca la esencia de ese día, descubriremos nuestra propia esencia y entonces podremos encaminar nuestros actos.

La Teshuva, algo sobre-natural

Los sabios, en el Talmud, Pesajim 54a afirman que la “Teshuva”, el arrepentimiento, es una de las cosas que fueron concebidas por D-s aun antes que el mundo fuera creado.

Es que la Teshuvá, en realidad no es algo tan sencillo como parece de buenas a primeras, ni algo que se entiende por si mismo. Para comprenderlo mejor, pensemos en el siguiente ejemplo:

Simón, le pide a su vecino Ruben, que le preste el tractor. Ruben accede de buena gana.

Simón le pide también si tienen gasolina para el tractor para prestarle, a lo que Ruben accede también.

Por último, Simón, le confiesa a Ruben, que él no sabe conducir el tractor y que precisaría alguien que lo conduzca. A lo que Ruben accede, asignando a uno de sus peones para que durante todo ese día conduzca el tractor para el señor Simón.

Simón, se aleja unos metros del granero, y ya en el tractor conducido por el peón de Ruben, se encamina hacia el salón comedor de la casa de Ruben y entra con tractor y todo a destrozar la casa de Ruben.

Ruben consternado le pregunta a Simón ¿qué te he hecho para que me hagas esto?

A lo que Simón le dice que en realidad él no le hizo nada, es más reconoce todos los favores que Ruben le hizo, pero ahora quiere destruirle la casa, porque eso le causa placer o alguna mezquina ganancia económica.

Esta misma escena la vivimos nosotros con D-s, Él es el que nos da la vida y nos mantiene, a Él le rogamos para que nos mande buena salud, le imploramos para tener abundancia económica y a veces, nosotros lo que hacemos con todos esas herramientas que D-s nos da, es ir en contra de Su voluntad.

Volvamos a nuestro ejemplo, supongamos que luego del daño que Simón le hizo a la casa de Ruben, se arrepiente y le pida pendón a su buen vecino. Trata de recomponer aquellas cosas que tienen arreglo, compra las que no tienen arreglo, pero hay recuerdos, fotos, etc, que no pueden reponerse, imaginemos que en su atropello, haya malherido o dejado invalido a uno de los hijos de Ruben, ¿puede Ruben perdonarlo? Imaginemos que la bondad de Ruben es realmente grande y lo perdona, pero Simón pide más aun, él quiere que la relación entre ellos siga igual como antes de que ocurrió el hecho. Esto es algo a lo que Ruben, por más bondadoso que sea no puede acceder, ¿Hacer de cuenta que no pasó nada luego de los daños irreparables que ha causado?

Con D-s ocurre igual, no solo que pedimos que se nos perdone, sino que pedimos que nuestra relación con Él no se dañe y siga como antes. Y lo maravilloso es que D-s accede, siempre y cuando nuestro arrepentimiento sea honesto. Esto es lo extraordinario de la Teshuva, pues normalmente, cuando alguien es juzgado por algún daño irreparable, que mato a alguien o que lo dejó lesionado de por vida, el juez no tendrá en cuenta su arrepentimiento, eso no podrá salvarlo del castigo, mucho menos hacer de cuenta que no pasó nada. Sin embargo, D-s si actúa así con nosotros.

Y entonces, cuando somos concientes de todo esto, en este día proclamamos a D-s como Rey. No deberían ser meramente palabras al viento, o solamente una inhalación de aire que nuestra boca deja salir al exterior. Sino que el sentido de lo que decimos no solo debe ser sincero en nuestros labios, sino que debe ser sincero en las obras nuestras.

El Shofar, preludio real

El sonido del Shofar, también contribuye a esta idea. Es decir, proclamar a D-s como Rey. En la antigüedad, como también hoy, cuando un rey se acerca, suenan las trompetas que anuncian la llegada del rey. Y entonces, nos encontramos en presencia del rey Tal como dice en Salmos: “Trompetas y sonido del Shofar, resuenen ante el Rey, ante el Eterno.”

Así también en Rosh Hashaná suena el Shofar para concientizarnos que estamos ante el Rey. Y cómo lucimos ante el Rey, ¿Cómo están nuestras vestimentas? ¿Estamos bien vestidos para la ocasión?

Es decir, si afirmo que D-s es Rey, entonces yo soy su servidor. Si yo soy su servidor, entonces debo hacer Su voluntad por sobre la mía. Y cuando eso ocurre, tal como le pasa a un buen servidor, es decir cuando, además de vivir mi vida, disfrutar sanamente de las cosas que me gustan, sin por ello dejar de lado mis obligaciones, responsabilidades y limitaciones, entonces, estoy cumpliendo con el sentido profundo de mi función y real esencia humana, de donde fui creado, es decir para servir a D-s. pues en Su servicio está mi trascendencia como ser humano, mi elevación del plano terrenal y mi conexión con lo elevado y eterno.

Volvamos a nuestro punto de partida, algo similar le ocurrió a Adam. Luego de que transgredió la orden de D-s y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, se escondió y cuando percibe que D-s se acerca, (¿tal vez el sonido del shofar de Rosh Hashaná?) se esconde. D-s le pregunta: ¿Dónde estas Adam? Y éste responde: Tu voz oí y temí porque estoy desnudo. Es decir, la vestimenta que cubría el alma de Adam, era el mandamiento divino, era como él se presentaba ante D-s, como Su servidor. Pero ahora su alma estaba desnuda… y ¿Cómo puede presentarse ante un rey estando desnudo?

Este fue su dilema, y este es nuestro dilema. En Rosh Hashaná el Shofar nos anuncia que estaremos ante el Rey, ¿Cómo estaremos vestidos? A veces nuestra conciencia o comodidad nos juega una mala pasada y nos hace distorsionar la realidad, y entonces, cuando se acerca Rosh Hashaná, nos preocupamos por la vestimenta física para nuestro cuerpo, pero lo que realmente importa es nuestra vestimenta espiritual, ¿Cómo nos pararemos ante el Rey?

Entonces en Rosh Hashaná, un aniversario más de la creación del ser humano, el altar vuelve a su punto de origen y objetivo.

El hombre fue creado con la tierra en donde estaba el altar, es decir, en donde se hacía “capará” (se absolvía) las transgresiones cometidas por el hombre y entonces ante el dilema de ¿Cómo nos presentaremos ante el Rey luego de lo que hemos hecho durante todo este año que transcurrió y que ya no puedo volver atrás para remediarlo? El altar se yergue en respuesta: Con la Teshuvá sincera.

Este concepto es tan profundo, al punto tal, que cuenta el Midrash, que cuando Moshe subió a las alturas para recibir las tablas de D-s, los ángeles se le interpusieron y le cuestionaron a D-s: “¿Cómo es posible que le vas a entregar la Torá que es todo celestial, santa y Divina al hombre, que es carne, pasión y mundano?” entonces D-s se dirigió a Moshe y le dijo: “Aférrate al Trono de la Gloria y dales la respuesta” (en hebreo respuesta se dice: Teshuvá, término que también quiere decir, arrepentimiento, quizás porque es la respuesta natural al observar nuestro error) Es decir, la respuesta Divina al legítimo reclamo de los ángeles, es que si bien el hombre es carne, pasión y propenso a rebajarse, este mismo hombre es el que tiene la capacidad de hacer Teshubá (arrepentirse), y esto le dará la posibilidad de elevarse y poder comenzar de nuevo, esta vez, más orientado hacia el verdadero objetivo.