Sucot: La Creación al servicio del hombre.

Cultura Judía
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No cabe duda -independientemente del mayor o menor grado de religiosidad de cada individuo-, que El Creador nos ha entregado un legado maravilloso y complejo, para que nosotros -las distintas generaciones que habitamos el mundo-, ordenemos y mejoremos las condiciones de vida presentes y futuras de toda la humanidad.

No cabe duda -independientemente del mayor o menor grado de religiosidad de cada individuo-, que El Creador nos ha entregado un legado maravilloso y complejo, para que nosotros -las distintas generaciones que habitamos el mundo-, ordenemos y mejoremos las condiciones de vida presentes y futuras de toda la humanidad.

Cada Fiesta de nuestro Calendario Judio, trae normas -Mitzvot- específicas y particulares. Las festividades se van encadenando unas con otras y representan el ciclo natural de la vida. Es increíble como tradiciones milenarias se transmiten año tras año y nos obligan a repetirle a nuestros hijos -como nuestros padres lo hicieron con nosotros-, todas aquellas costumbres o simbologías que emanan de cada fiesta en particular.

En nuestra vida moderna, rodeada de lujos, medios de comunicación, información, redes sociales; Sucot es una pausa para ese ajetreo diario que nos invita a comer y a reposar dentro de la Sucá; en una construcción endeble, que nos recuerda nuestro paso por el desierto hacia la libertad y la llegada a la tierra prometida; el cuidado del medio ambiente, la preservación de la naturaleza y la valorización de diversos elementos escasos, como el agua o la tarea de todo el proceso de plantación, germinación y cosecha de nuestros alimentos.

Es una festividad de origen bíblico. Junto a las de Pésaj y Shavuot; Sucot, es considerada una de las festividades más importantes del judaísmo (por ser una de las tres peregrinaciones), en las que se acostumbraba -en la época del Templo de Jerusalén- peregrinar a Jerusalén, quedando prácticamente vacío todo el Reino de Israel.

La palabra “Sucot” significa “cabañas”, es decir construcciones precarias. Estamos obligados a comer durante el transcurso de la fiesta, y preferiblemente a dormir en ellas también. Lo que es único acerca de estas “cabañas” es que son estructuras de pared, por lo general de madera o lienzo, pero sus techos deben ser de material orgánico crecido de la tierra, tales como brotes de bambú, ramas u hojas de palma.

Comer y dormir en la sucá pretende recordarnos las cabañas que los judíos construyeron para sí mismos mientras deambulaban por el desierto durante cuarenta años. También recuerda las “nubes de gloria” que acompañaron al pueblo judío a lo largo de su travesía del desierto, la protección contra los elementos y otros peligros que acechaban en el suelo del desierto

La Sucá es designada como tu “hogar” por los próximos siete días y es costumbre decorarla. Mucha gente cuelga frutas y flores desde el techo, y pega posters de Jerusalem y otros temas judíos en las paredes. También es tradicional “recibir” a los siete pastores de Israel (Abraham, Itzjak, Yaakov, Moshé, Aharón, Yosef y David) como invitados (ushpizin) en nuestra Sucá durante toda la festividad.

Sucot también es un tiempo de bendición universal para todos los pueblos –simbolizados por las 70 ofrendas adicionales que se ofrecían en el Templo durante la festividad, que correspondían a las 70 naciones del mundo.

El Libro de Eclesiastés, escrito por el Rey Salomón, es leído en Shabat durante Sucot. El tema de Eclesiastés es la vana persecución de placeres mundanos en contraposición a la búsqueda espiritual eterna. En realidad, la frágil construcción de la Sucá nos recuerda que las posesiones materiales son transitorias.

La festividad de Sucot está relacionada directamente con el “agua”, ya que es el día del juicio universal respecto a las bendiciones de lluvia e irrigación para el año venidero.

Las cuatro especies, Etrog, Lulav, Hadás y Aravá, han sido elegidas cada una por su belleza especial. Se agitan en todas direcciones, como un símbolo del dominio de Dios sobre toda la Creación.

Tiempo de recordar y de enseñar. Pues a disfrutar. Jag Sameaj!

Jose Caro

Raanana, Israel. 5777.